domingo, 31 de julio de 2022

Jose Luis Rodriguez

 

By Ronnald Rojas

 

After being sidelined from music for three years due to pulmonary fibrosis, Venezuelan singer José Luis Rodriguez, known as El Puma (Caracas, 76 years old), most frequently repeats these two phrases in 2017. As a result, in 2017.

El Puma resumed singing in defiance of all prognostication, including that of his own doctors.

This was done in Miami in May of this year for roughly three hours, and in several other countries throughout the continent up until a few days ago.

Today, he announces a new album and a tour that will bring him to Mexico at the end of February of the following year. He acknowledges that the operation was a miracle that saved his life and that he wants to take advantage of this second chance.

As a result, he named his new album Agradecido, on which he returns to singing about love, Venezuela, and the chance to "live once more."

Experiencing recovery was like experiencing death, he said. “I became a three-year-old child who was powerless to dress himself or take a shower”, on his own words.

During an interview with EL PAIS and other four media outlets in Mexico City, Rodriguez revealed that he had an oxygen cable that he used to move around his home.

After that, he gets upbeat and claims that the experience has changed his life: "I'm learning things that I had previously taken for granted.

In the past, there was a monologue-style act that went, "I came, I sang, and I left."

Because it takes three or four years to return to a city, I want to enjoy people to the fullest now because those periods of time no longer serve me.

“El Puma” wears pants that are fully enclosed and reveal its socks-free toes, as if it were an adolescent, this send us back to the 80s.

It still opens all the way to the third button on the shirt, just like it did in the 1980s when it first gained popularity as a soap actor after becoming a well-known singer throughout Latin America.

Rodriguez ponders, sits uneasy, and if given the chance, might even joke the subject.

Only a few gray hair, which can only be seen between his sideburns, and his insistence on admitting that he lives in a state of wonder and that he intends to make the most of the time that has been "granted" to him reveal his age and the operation he underwent three years ago.

Given the length of the performance, I doubted my ability to sing again.

The doctors told me I couldn't go back to the stage because I now had two functioning lungs, he says without pause, admitting that he spent several days in her home's solitude after the operation trying to regain her voice.

Then the tension is released: "Sometimes I think the guy who gave me the money was a singer."

Rodriguez received two lungs at the end of 2017 after suffering from pulmonary fibrosis from the year 2000, which causes a progressive decline in his respiratory capacity.

I know nothing about that person. I hope that someday the pain will subside and the family will be able to meet me, Rodriguez, whose illness left him on the verge of death, admits.

The singer spent one and a half years in rehabilitation before returning to the stage on May 11 in Miami.

Following that, he performed in Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, Guatemala, and El Salvador.

On February 5 in Monterrey and on February 7 in the nation's capital, a presentation will take place in Mexico. It will first travel one more time through the United States.

"I'm living very intensely day by day, giving the body the joy that God gave me," he confesses before concluding, "Happiness is now."

It only sounds like him when he talks about his country. The musician who has been in Miami since the 1990s declares, "Claro that I will be singing in Venezuela again."

But only when it is free of those perverts, he clarifies in reference to Nicolas Maduro's government.

In February of last year, Rodriguez made a brief appearance in Cucuta, the Colombian city that borders Venezuela, as part of a concert series whose goal was to promote humanitarian aid to that country.

In an interview in April, he attempted to run for president in order to "help rebuild" his country. Today he doesn't mention anything; instead, he just continues to criticize Maduro’s government.

“They are like [the magician] David Copperfield, how do they destroy a country in twenty years and disappear a fortune?

They are compared to Bolivar, yet Bolivar liberated five nations in less than twenty years and a horse.

He acknowledges that his second opportunity came about during the many nights he spent recovering in the hospital.

"I Paid forgiveness and forgave”, he said. “I detox myself of memories, and that was very beneficial to me. Now I just want to enjoy the return to life," he also said, adding that he has 60 pages written for a potential autobiographical television series.

 

 

 


 

 

viernes, 29 de julio de 2022

Cumpleaños

Por; Ronnald Rojas

 

La verdad es que no tenía pensado hacer nada especial para celebrar otro año más de vida. Pero al final he decidido que al menos una pequeña mención se merece. Algo sencillo, pero con alma, que ponga de relieve mi mejor cara, pues no puedo ser ingrato ya que mi vida ha tenido grandes y pequeños momentos. Estoy próximo a la cuarta esquina y como dice el dicho: “Te estás poniendo viejo”.

Hay infinidad de cosas es las que creo, y llevo años diciéndome, mejor dicho, tratando de aceptar la existencia de Dios como un todo en la vida de todos, pero no termino de convencerme, es que la maldad está en todas partes y creo que Dios por ser perfecto y de existir no pudo haberse equivocado. La maldad supura por cualquier parte, sigue nuestras huellas y llega a nosotros aun cuando no la buscamos.

Tengo que reinventar tantas cosas, porque ahora que pongo mis 36 en retrospectiva me doy cuenta que he fallado en algunas cosas. Lo sé, no soy perfecto, pero prefiero estar en el medio de la balanza cuando me toque responder por mis actos. Tendría que vivir más de 2 veces para poder entender la grieta que separa lo bueno de lo malo, lo justo de lo errado y lo absurdo de lo rimbombante.

Como administrador para mí la vida es una distribución consecuente de decisiones, cada una con dirección y sentimiento en lo que hago. Recuerdo que una vez leyendo un buen libro me encontré con el siguiente párrafo: “Nos dicen que a tus años y a mis años ya no tenemos edad para amarnos. Que nos espera por todo hogar las cuatro paredes de un asilo, como única ventana la luz de un televisor, como única emoción las partidas de cartas, como única compañía el calor de un animal y como única esperanza esperar un nuevo día”

Esas líneas me sacudieron el piso. Lo confieso, le temo a la muerte, le temo a la vejez no por las arrugas o las canas sino por lo frágil que uno se vuelve. Me asusta e inquieta morir sin una causa noble, sin saber porque viví, sin embargo aquí estoy, vivo y deseando siempre vivir; amaré la vida hasta mi último suspiro. Hoy en día mi lucha sigue, tengo infinidad de compromisos con mis hijos, esposa, madre, padre, hermanas, sobrinos, amigos y amigas. Lo cierto es que con los años la vida se vuelve más interesante porque uno ya tiene enfoque de hacia dónde va, una arquitectura de vida con carencias y abundancias.

Tengo 2 ángeles que dependen de mí como padre y amigo a quienes tengo que ser un ejemplo moral sin entrar en disyuntivas complicadas. Hoy sostengo con fuerza mis ánimos por proveer a mis hijos de todo lo que necesitan para crecer y desarrollarse y son ellos mi fuente de inspiración para superarme a mí mismo. Y puedo decir con orgullo que tengo lo que necesito, mi compañera de vida, a quien amo y respeto, a mis padres, mis hermanas y sobrinos, para todos pido salud y mucha vida.

Estoy en la edad en que la vida no es más un proyecto. He vivido más de lo que me falta, así lo creo, porque si uno tiene que vivir 100 años para ser estandarte de anécdotas yo tengo a mi edad muchísimas que contar. Los años han pasado y las huellas dejadas en el espacio físico de mi cuerpo y de mi alma, son tangibles y reales. Hoy confieso que un beso de mis hijos, la sonrisa de mi esposa, o una celebración familiar ocasional, produce más luces en mi vida que la más deslumbrante constelación de estrellas en el cielo.

A mis 36 cierro con un balance positivo este nuevo año de vida, y aunque tenga algunos arrepentimientos sé que si hubiera sabido lo que hoy se mi vida seguiría siendo la misma. Al fin de cuentas qué son los años sino momentos que van dejando grietas en el tiempo, grietas que muchas veces dejan cicatrices en el alma, con unas aprendí a vivir y con otras aún mantengo batallas.

Hoy se que aunque me hayan herido puedo amar desde la distancia sin lastimar a nadie. No tengo intención de ser un ave de rapiña con nadie y para nada es mi naturaleza agresora de los justos, tampoco intolerante de los que poco me entienden.

  En fin, brindo por ustedes desde mi trinchera, saludándoles con el cariño y el respeto que se merezcan.

 


 

Tragedia venezolana

 

Por; Ronnald Rojas

 

Hay quienes me preguntan si no me canso de escribir tanta paja, a lo cual tengo que ser tajante y responder NO. Simplemente no me da la gana de pensar distinto, no puedo ni deseo hacerlo, porque la realidad que yo percibo sobre lo que está pasando en Venezuela no es algo que lo leí en un folleto, está a la vista de mis ojos, está en mis bolsillos, sobre todo en el sufrimiento de haber sido víctima de la impunidad en varias ocasiones, por lo tanto, si para quienes piensan que criticar lo que no se hace bien es hablar paja, entonces que tilden como quieran.

Yo nací en un país muy distinto, en una Venezuela que brillaba ante el mundo, y a pesar de que haya habido eventos criticables y errores, aquí vivíamos todos en paz, sin agresiones por color de partido político. Yo nací en la Venezuela democrática, en la que la corrupción se quedaba en una cúpula del gobierno, y no como la que arropa a todos los poderes públicos actualmente.

Esto tampoco lo leí ni me lo dijeron, lo viví, lo observe, y no tiene nadie que contármelo. Ni mucho menos me lo metió en el cerebro ningún Imperio, tampoco lo resumiré o lo escribiré como si fuese un guion chavista. Fuimos una patria en desarrollo, pero nos quedamos en la semilla, el socialismo puede bien dar fe de ello.

Tampoco escribo versos, no soy poeta, simplemente escribo porque para mí es un trabajo interminable decir lo que pienso, guste a quien le guste. A mi ningún poder humano me hará cambiar de opinión sobre el chavismo; lo detesto y lo rechazaré hasta el fin de mi existencia.

Es una aberración comparar gobiernos pasados, que fueron democráticos, con el aborto que nos ha tocado vivir los últimos tiempos. Nunca habíamos tenido tantas necesidades juntas en este país. Nunca la consigna fue ponerle velas a los santos ni esperar las predicciones de sabios o adivinos para que algún gobernante dejará el poder, simplemente las elecciones le abrían camino al siguiente, y aunque bueno, malo o peor, aquí seguíamos respirando tranquilidad.

Cambiamos lo bueno por lo malo, y lo malo por lo peor. Ya no se qué nombre ponerle a esta tragedia, ni como le explicaré a mis hijos porque nació en esta patria socialista de sangre, impunidad y hambruna. ¿Cómo explicarle a mis hijos que en la Venezuela que nació el campesino es el malo y el delincuente es el bueno? Insisto, si esto que digo es pura paja, lo mejor es que cada quien busque lectura de su agrado y problema resuelto. Pero no me arrodillaré a lamer las botas del tirano.

Para mí no es suficiente ahogarme de optimismo al pensar que mis hijos van a dibujar algo bonito de su infancia si al paso de los años seguimos viviendo en este país de garantías constitucionales sesgadas y serviles. Desgraciadamente para ellos, nacieron durante la peor crisis, en un escenario que pinta llagas en la moral, que desahucia de impotencia a quienes anhelamos aquel país sin delincuentes, sin fuerzas armadas cobardes, traicioneras y podridas. Mis hijos ya llevan en sus hombros una responsabilidad de vida o muerte; aceptar su realidad y vivir como mendigos en este modelo político mediocre, odiando a sus semejantes para proteger a su verdugo.

Duele o no a quienes todavía, por pereza, masoquismo o pena moral siguen empeñados en apoyar la sinvergüencería y las desgracias, aquí lo único cierto es que el descontento popular crece y es una realidad. Los malestares de la crisis deterioran a paso acelerado la calidad de vida del venezolano, y cada día se hace más difícil algo tan necesario como comer. Las campanas están sonando, los saqueos y el abuso de poder están a la orden del día, mientras allá en Miraflores sus voceros escriben historia de vaqueros y confabulaciones de guerras y golpes de estado imaginarios, siempre en la búsqueda de esconder tanta miseria.

Ojalá que algún día llegue un gobierno que ponga orden en este país. Que mande a los militares a sus cuarteles a limpiar piso, a sembrar alimentos, que los ponga a producir. Yo espero que ante un eventual cambio de gobierno se elimine tanta impunidad. Hace falta orden y sobriedad, leyes que se cumplan y castigo severo para el delincuente. Necesitamos tranquilidad, necesitamos la paz. 

 


 

jueves, 28 de julio de 2022

El reeencuentro

 Por: Ronnald Rojas

Estuve viviendo en Perú en los últimos 32 meses, algunos de ustedes lo sabían, otros no. Regresé a Venezuela por múltiples razones y con las maletas llenas de muchas emociones, cansado pero con las mejores intenciones de hacer y dar lo mejor de mí.

Tenía tiempo imaginándome en casa, en Venezuela, en mi país. No puedo mentir, extrañaba mucho mis raíces. Hasta este punto pueden tildarme de sentimental o cobarde, pero a mi edad es difícil vivir a medias, sin esa parte de ti que tiene historia, amigos, recuerdos e infinidad de huellas estampadas en mi ser.

Mi vida en Perú estuvo marcada por muchos episodios. Este fue mi segundo viaje al Perú, antes estuve por allá en el 2017. Y las circunstancias eran distintas. En aquel entonces Perú era diferente, sus personas eran amables, el país tenía una economía distinta, se veía y sentía una recepción hospitalaria, en fin, ni de cerca parecido a lo que es actualmente.

Esta experiencia fue dura. Mi primer año lo dediqué a vender arepas en una esquina céntrica de Huacho. Allí conocimos muchas personas y nos iba bien. Con esto de “bien” me refiero a que el nivel de ingresos era mucho mejor que trabajar bajo dependencia laboral por un salario mínimo.

El dinero rendía lo suficiente como para castigar los gastos de alquiler y manutención de mi familia. Las ventas se mantuvieron constantes por varios meses. No obstante como todo, la venta ambulatoria tiene sus altibajos, días buenos y días regulares. Pero tocaba que lidiar con la persecución y el acoso de las autoridades municipales anti comercio ambulatorio. Así vivíamos el día a día. Entre la incertidumbre de querer trabajar, que las ventas se mantuviesen y que nos dejaran trabajar.

Con un año de trabajo constante, año durante el cual se desató una ola de rechazo hacia la nacionalidad venezolana, ya las cosas cambiaron. Es muy desagradable sentir el frío del racismo. No se lo deseo a nadie y espero que algún día si es que este país cambia para bien, los venezolanos no volvamos el rechazo al extranjero una moda social.

Para colmo de males, llegó el COVID19. Al finalizar el año 2019 se materializó la pandemia y Perú fue un país bastante golpeado por este virus. Comenzaron las prohibiciones, la cuarentena y el toque de queda. Muchos negocios cerraron y quebraron. La supervivencia en medio de la pandemia se hizo viral y a millones de personas se nos vino el mundo encima.

Sin trabajo en un país extranjero es algo muy serio con lo que se tiene que lidiar. Por demás está que lo diga, pero a nadie le importó que millón de venezolanos quedará en el limbo. No hubo ayuda para los extranjeros, cada quien resuelva sus problemas.

Las ayudas quedaron sectorizadas y canalizas para los peruanos. Aprendí que en tiempos de crisis el egoísmo brota a flor de piel en las sociedades.

El gobierno peruano implementó la ayuda de asistencia económica a través de bonos a sus ciudadanos, por supuesto, ayuda que no llegó a todos los peruanos, algo típico en la política latina, pero que jamás tuvo la mínima intención de extender a los extranjeros. Esta medida fue aplaudida por los peruanos bajo el siguiente lema: “Primero los peruanos, segundo los peruanos y si es que queda algo, también para los peruanos”.

Estuve más de un año vendiendo golosinas en la calle. Sin temor a decirlo, porque a decir verdad el trabajo no deshonra, pero no era lo que yo tenía programado para mi vida. Y fueron los meses más agobiantes de mi vida. El nivel de ingresos cayó a niveles deprimentes y frustrantes, como para salir corriendo directo a tu país (No importa de dónde seas). Sobreviví a duras penas para poder regresar y encontrarme con una Venezuela desgreñaba e indigente.

Recuerdo que mi primer viaje al Perú, aunque no fue lo mejor, me dejó todavía una imagen positiva de ese país, por ese motivo programé una segunda temporada con la esperanza de poder corregir las fallas que cometí en mi primer viaje y así ganar terreno, progresar, salir adelante, tener una vida mucho más tranquila que en Venezuela y un nivel de tranquilidad con garantías a largo plazo.

Pero no fue así. Y la verdad es que, aunque Perú tiene muchas cosas que hoy faltan en nuestro país, carece de muchas otras que hoy a pesar de la crisis que nos arropa siguen vigentes en este país; solo hablaré de una, tolerancia.

Perú es un país racista, con o sin justificación, lo es. Para los peruanos el racismo ha sido y sigue siendo un problema social. No importa si usted es serrano o arequipeño, limeño o provinciano, el sentimiento de rechazo y poco acercamiento es el mismo. Pero las nacionalidades como la chilena, la venezolana y haitiana son muy mal vistas y poco toleradas en Perú.

Si aquí en Venezuela compartiéramos la tolerancia en un valor similar al de los peruanos, ya no habría chavistas ni extranjeros en este país. Porque con malos tratos a diario y rechazo permanente es imposible tener una vida tranquila.

Y esto lo digo a nivel muy personal y responsable, es general, porque el sentimiento del rechazo es practicado por la mayoría sin ningún tipo de pudor o conciencia. Yo lo viví y sentí a diario durante casi dos años. Así que, esta es una de las razones que me impulsó a regresar a Venezuela.

Tengo amistades peruanas, porque evidentemente hay personas buenas y malas en cada país. Y ese pequeño grupo de personas que me brindó apoyo, que siempre intentó hacerme sentir como en casa, definitivamente es clase aparte. Para ellos mis respetos, porque son la verdadera carta de presentación de su país. Ellos representan a esa sociedad amable y hospitalaria. Mérito a quien corresponda.

32 meses después de mi viaje al Perú, regresé para encontrarme con la muerte de mi padre, con la partida física de muchos amigos y para dar testimonio de las ruinas que hoy quedan de este país. Muchísimas cosas han cambiado, este es un país “demasiado” distinto al que tenía en el baúl de mis recuerdos.

Se que habrá personas a las que no les va a gustar lo que yo describo, pero si de algo pueden estar seguros (as) es que no soy del tipo de personas que calla para ser cómplice. Venezuela está en ruinas, si, en ruinas. Aquí la gente vive bajo la sombra de la resignación y falsas esperanzas.

Mi primera percepción del país no es buena. Y ya dirán que soy el venezolano más pesimista, pero como dije al principio, no callo para ser cómplice de falsas esperanzas sino que prefiero que me reconozcan como un odioso realista. Aquí están muy mal, que no lo reconozcan ni acepten, es un dilema de cada quien.

Parece que los venezolanos se contagiaron de la brisa socialista, todo bueno, bonito y barato. Un chiste de mal gusto que se reproduce día tras día en los últimos 15 años. Mejor dicho, en este país hasta hablar es algo malo. Nada más por decir lo que uno piensa las amenazas de descuartizamiento y el “mamaguevo” imperan como la moda del momento.

Mi entrada al país confirmó lo que ya para millones de personas es “normal”, este país es una cárcel de enormes proporciones. Aquí gobierna el fusil y las malas costumbres. Para ingresar a Venezuela por vía terrestre (No se si ocurre lo mismo por vía aérea) es prácticamente obligatorio pagar la extorsión que la fuerza armada imputa. Y quizá lo peor no es pagar sino el trato denigrante y humillante al que someten al venezolano.

Un Guardia Nacional amenazó con “deportarme” a Cúcuta porque según él, era obligatorio tener sello de entrada al país. Todavía hay gente que le causa risa este tipo de episodios, como si fuese algo normal que en tu propio país la autoridad te amenace con “deportarte”.

Regresar al país es considerado un delito. Te extorsionan por traer maletas, por traer ropa sucia, por traer ganas de trabajar. En fin, creo es la antesala para lo que luego uno se consigue en el día a día.

Las miles de anécdotas que circulan por el país lo prueban y confirman, sea porque usted no tenga a la mano la factura de los zapatos que lleva puestos o porque usted lleve algo de dinero extranjero en físico la modalidad es la misma, pague o lo deportamos (Te amenazan con deportarte siendo venezolano), pague o le fabricamos un caso en fiscalía.

Esto es Venezuela, el país donde es más “barato” callar y resignarse que sacarle la lengua a un funcionario corrupto (Bueno, son miles). Total que, para ingresar a Venezuela uno debe tener a la mano plata y tomarse previamente un antidepresivo para no morirse de impotencia, al ser víctima y cómplice de cualquier tipo de arbitrariedad.

He visto muchos “influencers” vender una imagen casi faraónica de Venezuela, creo que lo hacen buscando ganarse el dinero fácil, pero la única verdad que he visto hasta ahora es que este país está en ruinas. La infraestructura del país está en condiciones deplorables. Aquí quebraron algunos bancos, cerraron miles de comercios, los buhoneros cercaron al comercio formal, y los que sobreviven lo hacen al estilo piraña, comiéndose unos a otros.

Las calles llenas de basura y plumas de buitre adornan el panorama, las calles llenas de enormes huecos son las huellas que año tras año dejan los gobernantes de turno. Un amplio sector de la sociedad perdió masa corporal, no se cómo decirlo para no ofender a quien le caiga, pero estos 3 últimos años han deteriorado, en una magnitud sorprendente, el aspecto físico de millones de venezolanos.

Llevó casi dos semanas en mi ciudad y no he visto ni tan solo a un policía. Y estuve caminando los días más ajetreados de la navidad, en pleno centro, y no vi un solo policía. No se dónde estarán esos personajes ni qué será de aquellos que sufran un robo, pero aquí creo que no se fueron 5 sino 20 millones de personas. El país está solo, se siente un vacío tenebroso, una soledad muy parecida a lo que llaman pueblos fantasmas.

El transporte público prácticamente desapareció. El parque automotor se redujo en un 80%, usted puede cruzar de un lado a otro con la convicción de que si lo puede atropellar algo es otra persona.

No se si sea por el alto costo del combustible o si esto se deba a que las personas ya no tienen el poder adquisitivo para costear el mantenimiento de sus vehículos (Los que tienen).

Es absurdo que haya personas que digan que algunas cosas han mejorado ¿Qué ha mejorado? ¿Qué yo le cobre a usted 100 dólares por llevarlo a su casa y usted me cobre 100 dólares por leerme el futuro?

A quien se le haya ocurrido dolarizar el pais como que se le olvidó dolarizar su salario...(En serio, anotelo por ahi en su agenda).

Así funciona la economía en Venezuela. Usted baja de la mula a su vecino y su vecino lo baja de la mula a usted. Aquí lo único cierto es que el país que quedó vive de las remesas del extranjero, porque aquí, aunque circulen millones de dólares y pesos colombianos usted sigue siendo pobre. Es peligroso que el país vea normal este inmenso desastre que hoy se respira, se siente y se vive en nuestra nación.

Los sueldos de miseria que se devengan en Venezuela solo garantizan la pobreza perpetua, no importa si usted trabaja para el chavismo o para el sector privado, la ecuación es la misma.

Por ahí dicen es que la empresa “x” me paga 70 dólares mensuales, pagan bien. ¿Bien? Me disculpan pero ni ganando 250 dólares mensuales usted asegura una dieta sana, una vida tranquila y sin preocupaciones, porque en este país el costo de vida es uno de los más caros del mundo. Y está muy cerca de ser el lugar más caro del mundo para vivir.

Me disculpan, pero callar es una forma mediocre de resolver el problema. Así como lo es aceptar que tu compres una casa en 3000 USD, pero si la construyes gastas 50.000 USD. Nada de esto es normal. Y si nos alejamos al lado opuesto de lo normal el resultado es lo que hoy tenemos de país.

Está a kilómetros la falsa percepción de bienestar a la que infieren muchas personas a través de las redes sociales. Un país donde el servicio de recolección de basura ocurre 2 veces al año es para sentir miedo y vergüenza.

Un país donde prácticamente desapareció la policía es preocupante. Un país donde las escuelas se quedaron sin maestros es un país sin futuro.

Un país donde la gente se entregó por completo a la pobreza y se acostumbró a convivir con los ratones en la mesa me parece que no refleja ninguna razón para hablar de progreso ni mucho menos cuaja como ejemplo de un cambio positivo.

Me disculpan pero estamos viviendo en el fondo, justo donde los enemigos del país querían vernos.



miércoles, 27 de julio de 2022

No es odio

 Por; Ronnald Rojas


 
Por cierto...

 
No es odio, se llama hambre y sed de justicia.
No es odio sino arrechera de ver tanta corrupción.
No es odio, es añorar tiempos pasados gloriosos.
No es odio, es rechazar el abuso de poder y la impunidad.
No es odio, es una necesidad de cambio colectiva.
No es odio, es decir lo que uno siente, lo que uno piensa, lo que uno tiene el derecho de decir y lo que uno está obligado moralmente a impedir.
No es odio, es deseo de que vivamos en un país donde ningún gobernante te obligue a comer lo que no quieras.
No es odio, es rechazo a la calamidad social que nos arropa, es pedir respeto a nuestra dignidad.
No es odio, es un compromiso real con tu vida, con tus hijos y con tu país.
No es odio, es exigir libertad de expresión.
No es odio, es demandar apego y respeto a las leyes.
No es odio, es repudio a gobernantes que delinquen y someten a su pueblo.
No es odio, es rechazo al narcotráfico, a la inflación, al desprecio.
No es odio, es un sentimiento temporal hacia una desgracia que se ha vuelto un riesgo de muerte.
No es odio, es intolerancia a la marginalidad como conducta social cotidiana.
No es odio, es temor a quedar rezagados en la mendicidad y mediocridad.
 Por; Ronnald Rojas
 
 
No es odio, es no querer ser borregos al servicio de una dictadura. 
 
No es odio, es una forma de expresar esta agonía interna que produce el colapso de los servicios públicos. 
 
No es odio, es una confrontación contra un sistema político que nunca ha tenido exito. 
 
No es odio, es miedo a resignarse a ser fracasados toda la vida. 
 
No es odio, es una lucha contra la pérdida de soberanía, es exigir respeto absoluto al suelo patrio. 
 
No es odio, es una lucha de clases sociales que se fue por el lado del fanatismo político.
 
No es odio, es una convicción personal de que tenemos que impedir más desgracias. 
 
No es odio, es una actitud sujeta al deseo de corregir el presente. 
 
No es odio, es motivación a soltar el lazo que causa rencor entre venezolanos.
 
No es odio, es inspiración del alma a enfrentar un pensamiento político social totalitario. 
 
No es odio sino evitar ser portadores de ira. 
 
No es odio, es el resultado de un proyecto político que causó estragos y trajo caos al país. 
 
Y sinceramente, ninguna cárcel impedirá más odio, lo nuestro es un deseo muy fuerte de querer vivir en paz.
 

 

En mi vejez

 Por; Ronnald Rojas


Pudiera escribir tantas cosas sobre la vejez y aun así no terminaría de decir lo que siento. Me resulta muy difícil engranar, dentro de un concepto majestuoso, si la vejez es un privilegio negado a muchos o un tormento endosado a otros.
 
Lo que sí me atrevo a defender es que a la tercera edad, como se le dice ahora a la ancianidad, hasta jocoso el termino, debería ser la época más hermosa en la vida de un ser humano.
 
Esta semana fui espectador de un episodio que me hizo reflexionar sobre la vejez. Ingresando a esa pequeña habitación celosamente cuidada por un anciano pude ver una vejez a la que temo; viejo, solo, pobre y enfermo.
 
Eso trajo a mi mente aquella promesa dejada al vacío años atrás, en la que me dije a mi mismo que debía trabajar fuertemente y actuar con cautela en la vida para no llegar algún día a mi vejez siendo un traste de lágrimas y sufrimiento.
 
A ese ochentón le debe pesar mucho la vida al tener que vivir en cuatro paredes rodeadas de miseria y olores fétidos salientes de un baño en ruinas; una calamidad social diseminada por todo el país últimamente, que deja en el ocaso la dignidad de muchos ancianos en Venezuela.
 
Ese drama que vive esa persona, me asusta. Debe ser terrible vivir dentro de un cóctel lleno de angustia y desespero. Levantarse cada día y ver que uno está viviendo una tragedia sin poder defenderse, que el mundo de repente se vuelve contra uno en el momento en que te encuentras más vulnerable y débil.
 
La vejez en Venezuela viene en una maleta cargada de problemas y desconsuelo. Muchos ancianos están viviendo en sus últimos días de vida un castigo terrenal inaceptable. Lo digo yo que he presenciado la pobreza extrema y la decadencia de culminar parapléjico de tanta preocupación.
 
¿Y la protección del Estado? Letras muertas…
 
He visto infinidad de abuelos sin su pensión, simplemente han sido víctimas del chantaje y del olvido. En cualquier país del mundo cada persona que cumpla la edad adulta debería tener asignada su pensión sin tanto papeleo burocrático y mucho más aquí, país rico en petróleo y rico en pobreza.
 
No quiero pensar que la vejez termina siempre con una carrera personal desmedrada, restregada hasta los tuétanos en un modelo de sociedad en la que llegar a la tercera edad más allá de ser una hazaña nos convierte en victimas del destino.
 
Lo cierto es que siendo viejos deberíamos de tener derecho a una extravagancia de vez en cuando, deberíamos escaparnos alegremente de tanta penuria y por lo menos a todo anciano se le debería de dar terapia emocional.
 
La vejez debería dejarnos ver la libertad en otro plano, cosa que para algunos es tan solo más dependencia, sea a medicamentos u alimentos. Quisiera creer que la vejez debería llegar con gratas sorpresas, pero no es así.
 
Se supone que uno cuando ya ha sido desgastado por los años no tiene por qué preocuparse del pago de impuestos ni de quien gana o pierde las elecciones. Pero la realidad desconcierta y arruina de muchas formas el equilibrio emocional de muchas personas.
 
Para los Griegos, la vejez era una pesadilla, considerando que la vanidad en dualidad con la belleza física y el conocimiento, eran la fuente de la superioridad exigida en la sociedad para el respeto. Los viejos fueron trebejos tirados en la soberbia de una sociedad sodomita y abierta al sexo grupal.
A lo mejor la juventud es la peor de las enfermedades, porque somos dependientes de un millón de cosas que ni si quiera vemos o entendemos. 
 
Luego llegamos a la edad dorada y comienza otro calvario, nos toca llevar coñazo tras coñazo, regaños, malas caras y soportar cualquier tipo de limitaciones. 
 
No quiero vivir mi vejez en condiciones de pobreza extrema, ni mucho menos bajo la mirada compasiva y lastimosa de nadie. Creo profundamente que en mi tercera edad merezco tranquilidad y ratos de alegría.
 
Lo confieso, siento mucho miedo. En mi país no hay viejo feliz. Y no quiero exagerar, pero la vejez en Venezuela es una condena a muerte brutal. Algo muy triste.
 
No sé si esta sea la peor época para vivir la tercera edad en Venezuela, pero me parece gravísimo someter a nuestros ancianos a esta brutalidad económica y social que hoy nos arropa.

 
En fin, Dios castiga sin palo y sin rejo, y no dudo que quien humille, desprecie y le haga daño a un anciano le va a ir muy mal en la vida, tendrá que responder por una factura muy cara el día en que la vida cobre esa cuenta.

BIENVENIDOS

El mundo es mejor dejarlo como está

  Por; Ronnald Rojas   Creo que a todo el mundo le tocan días difíciles en algún momento de su vida, no son solo cosas mías. Pero a vece...