Balance general
Por: Ronnald Rojas
A menos de una semana por terminar el año, me veo obligado a cerrar un ciclo de vida más e iniciar el inventario de anécdotas, hacer profilaxis de muchas emociones y reciclar la espiritualidad que acompaña el renacimiento de otro calendario.
Haciendo el resumen de este año me encuentro en medio de esta tormenta de pensamientos, sentimientos, recuerdos y añoranzas. Me crispa los nervios la cercanía del fin de otro año, pero me tropiezo con grandes punzadas de expectativas al tener la dicha de recibir el comienzo de otro ciclo del tiempo.
Si tuviera que describir el 2022, tengo que comenzar por mi salud. Este año me tocó lidiar con muchas enfermedades juntas. Afortunadamente ninguna de gravedad (creo). Este fue un año de reposos médicos y tratamientos de soporte, muy aburrido, por cierto. Paso más rápido de lo esperado.
Creo que por fin entendí que la vida es tan fugaz e incierta que resulta trágico gastar pólvora en zamuro. Que duro nos golpea el tiempo, y a pesar de que la vida se apaga lentamente solo vemos el final cuando la luz se hace tenue. Por favor, anoten en sus agendas que lo más importante para las personas es su salud.
Quien no se respeta a sí mismo (a), no respeta la vida. Y quien no respeta su propia vida, no respeta la de los demás. Digo esto, porque mientras unas personas trabajan, se esfuerzan y dan lo mejor de sí mismas para lograr sus metas, por otro lado hay monstruos que usan sus vidas para evitar que eso no suceda.
Ha pasado un año desde la muerte de mi padre. Y ahora que no está me hace falta. Mucha falta. Es la ausencia de alguien la que nos hace entender que ese vacío es una huella irremplazable. Su muerte hizo realidad algunas cosas muy tristes, esto lo viví en primera fila, cuando salieron de su jaula muchas aves de rapiña mostrando su verdadera cara.
La verdad no me alegra. Siempre tuve la esperanza en que la buena fe no dejará al descubierto el filo de los dientes de algunos lobos disfrazados de oveja. Y ojalá mi padre pueda disculpar mi sinceridad algún día, pero por ser sincero me he ganado algunos enemigos.
Cuando pienso en todas esas vidas y almas que ya no ocupan un lugar terrenal junto a nosotros siento miedo, entonces recuerdo que cada segundo aquí en la tierra es un regalo. Todo se resume a las decisiones que tomemos, esa es la diferencia entre vivir o morir.
Hace falta dos vidas para aprender a querer la que tenemos, porque al final, cuando ya estamos en la oscuridad, viviendo entre los escombros de una vida que termina es cuando notamos lo cerca o lejos que pudimos haber llegado, lo grande o pequeño que pudimos haber sido.
Iba a soltar un lote grande de críticas, pero siento que sería como darle importancia a quienes no lo merecen. Solo diré que, este año le di reset a grupo de falsos amigos y familia transitoria. A ellos nada debo, ni siquiera una línea en mi exposición.
No sé si me quedé sin amigos, o si fue que nunca los tuve. Pero tengo fe en que nuevas y mejores personas vendrán. Nadie es indispensable. La escasez de amigos es inexorable algunas veces. En fin, solo tengo esta vida y no me estancaré en la resaca de buscar amistad donde no la hay ni la hubo.
Siento que mi optimismo por el año entrante se mantiene vigente. No queda sino elevar plegarias y echarle muchas ganas al desarrollo de mis metas personales. Me propuse a echarle carbón al tren de la vida. Ya decidí lo que haré este nuevo año; VIVIR.
Aunque muchas puertas se han cerrado para mí, todavía hay muchas que la esperanza puede ayudarme a abrir.
Voy a comenzar desde cero nuevamente. Es un reto personal al cual no tengo escapatoria, me obliga la crisis, me obliga el destino, me inspira el mañana y si me vuelvo a caer me levanto.
Voy a vivir a mi ritmo, sin empujones ni alteraciones. Ya es hora de que pase a otra página, que me escriba como ganador en mi libro. Soy yo mismo el único que puede tomar impulso y galopar estas intensas y profundas olimpiadas, llegar a donde quiero y hacer lo que tenga que hacer por mí.
Este año aprendí que la vida son números que cambian de lugar en un abrir y cerrar de ojos. Los que están arriba se caen con mucha fuerza, pero los que estamos abajo tardamos mucho en subir. Pero, definitivamente, venimos a este mundo a vivir, no a ser pobres o ricos.
¡Bienvenido 2023!

