domingo, 24 de julio de 2022

Recordando a mi padre


 

El día llegó y es difícil saber si antes o después de lo esperado. Mi padre murió el 16 de diciembre del año pasado. Yo la verdad pensé que él tendría un poco más de camino por delante. Bueno, creo que, en el fondo, todos esperamos que nuestros viejos sean inmortales y puedan vencer a la muerte año tras año; el final siempre es el mismo, llegamos y nos vamos.

            La relación con mi padre tuvo siempre ese toque agrio de poco entendimiento mutuo, simplemente nunca pudimos lograr una meta común. No lo culpo ni me culpo, simplemente fue el destino. Pero lo quería y siempre anhelaba que entre ambos floreciera una relación distinta.

            Esto lo escribo con el ánimo de poder leerlo varias veces, quizás encuentre lo que busco, quizás renueve mi fe en algunos sentimientos que hace tiempo no practico. Creo que a veces es bueno darle rienda suelta a la conciencia, despertarla de su largo sueño para que no nos cause remordimientos.

            Si existe alguien con quien no me haya podido poner de acuerdo en muchas cosas fue mi padre. Papá obviamente no fue un padre perfecto, nadie lo es, y su muerte no lo convirtió en alguien que no fue. Yo sigo teniendo ese concepto que siempre tuve de él. Fue buen padre, nunca nos faltó alimentos, alguno que otro rato de diversión, pero  hay algo vacío que él ni yo pudimos llenar.

            Ser padres y madres es una profesión que se ejerce desde cero. A mí no me enseñaron a ser padre, ni yo nunca pregunté. Mi papá no fue la excepción, a él tampoco lo enseñaron a ser padre, tuvo una vida agitada, llena de las distracciones del pasado, distracciones que hoy en día están tan perfeccionadas que los hijos quedan expuestos a esos vacíos emocionales que impiden florecer las familias a través del tiempo.

            Si como padres o madres no edificamos vínculos familiares de raíces fuertes entonces condenamos a nuestros hijos a ser humanos incompletos, a ser individuos reproductores de males a la sociedad, un eslabón más a la cadena de imperfecciones que hace de las familias células sociales débiles y poco útiles al mundo.

            Mucha veces como padres fallamos en un plano existencial muy importante; el afecto. Pasamos por alto que hay un periodo de tiempo en el que ese niño o niña necesita que su padre o madre le transmita seguridad, que ese pequeño ser sienta que no es un amuleto temporal para lamentos u muestras de cariño.

            En mi caso, nunca hubo tiempo para encontrar el momento oportuno de un “Te quiero” o a lo mejor hubo tantos y no los vimos, quizá la vida conspiró para que eso no sucediera, pero ahora que lo pienso la verdad no lo sé. El ver la tumba de mi padre me obliga a reformularme muchas cosas. Como que siquiera regresar en el tiempo y volver a vivir junto a él para pedirle que me enseñe muchas cosas que solo él sabía.

            Nunca pensé cuanto esfuerzo tuvo que hacer mi padre para alimentarme. Nunca pensé que aquella grasa en sus manos era la señal inequívoca de que él mantenía el compromiso de no dejarnos sentir el hambre. Hay cosas que solo se entienden cuando ellos ya no están.

 Y lamento no haberme podido despedir de él. Nunca hubo siquiera una despedida antes de mi viaje al extranjero. Él nunca me dijo que iba a morir, ni cuando ya estaba en su lecho de muerte. De todos modos yo lo entiendo, creo que un hombre a punto de morir tiene el derecho a ser un poco egoísta y orgulloso,  a decidir si marcharse por la puerta del frente o la de atrás.

             Ahora que mi padre ya no está, comprendo que cada quien juzga desde la comodidad de su esquina, que las aves de rapiña siempre han existido a nuestras sombras y que con nuestra muerte salen de sus escombros a saquearlo todo a su paso. Mi padre tuvo tantas cosas y murió desnudo. Mi padre tuvo tantos amigos y a su despedida solo fueron unos pocos. Mi padre fue un hombre social y murió solo.

Hago pública esta humilde reflexión a modo homenaje en conmemoración a estos meses de ausencia de mi padre.

            PD: Te echo de menos.

2 comentarios:

BIENVENIDOS

El mundo es mejor dejarlo como está

  Por; Ronnald Rojas   Creo que a todo el mundo le tocan días difíciles en algún momento de su vida, no son solo cosas mías. Pero a vece...