lunes, 13 de mayo de 2024

El mundo es mejor dejarlo como está

 

Por; Ronnald Rojas

 

Creo que a todo el mundo le tocan días difíciles en algún momento de su vida, no son solo cosas mías. Pero a veces nos vemos envueltos en una mala racha que se prolonga por más tiempo. Y esos días son infinitos. Agotantes. Te hacen sufrir.

Tengo vértigos existenciales desde que tengo uso de razón. Me recuerdo con 12 años, lleno de adrenalina, de ideas y sueños, época en la que para mí fue el comienzo de días duros, porque me tocó trabajar desde temprana edad.

A esa edad me enteré que cada plato de comida en la mesa tiene un precio y alguien lo pagaba, ahora me tocaba pagar a mí. Se acabaron los excesos, todo fue reducido a niveles de austeridad, con o sin excusa tuve que salir adelante en medio de la tormenta. Y sigo aquí.

Es mayo y a través de la ventana veo algunas estrellas y los lejanos destellos de la proximidad de un aguacero. Y siento como que algo de mí se rompe de tanto pensar en cómo hacer realidad ese sueño tonto e inalcanzable de que todo el mundo pueda vivir mejor.

Pero leo a diario toda clase de malas noticias y me torturo tratando de creer que, eso que llamamos Dios realmente existe, y esto lo digo sin el ánimo de faltarle al respeto a quienes creen fervientemente en esa teoría antigua.

 Dios no está en ninguna parte, nunca lo estuvo, y doy vueltas por la habitación como un animal enjaulado, sintiéndome un cadáver inminente rodeado de otros tantos cadáveres, un condenado, hasta que recuerdo el consejo de mi abuelo y me pongo a encadenar ideas, buscando el pretexto para entender por qué un Dios al que todo el mundo venera no hace nada para evitar tantas injusticias.

Más de la mitad de mi vida he tenido que enfrentarme al hecho de que, para salir adelante en mi propio país tenía que acelerar y fundir mis células, dejando la puerta abierta a la vejez, a la caída del cabello, al malestar general.

Es muy cierto eso que dicen sobre la distancia entre el amor y el odio. Te pueden llegar a odiar en cuestión de segundos, y eso te causa un terremoto emocional bastante triste y molesto.  Es como si nada de lo que hiciste valió la pena.

En esta vida hay que aprender a vivir siendo odiado o amado, vivir entre extremos. Pero agota, desmoraliza querer sin ser correspondido, respetar si ser respetado. Es sumamente complicado tender la mano y recibir mordidas.

A veces uno desea el bien para otros, pero estos devuelven malos deseos e ingratitud, en una rebeldía e inmadurez incomprensible, lo cual me obliga a pensar que es mejor dejar el mundo como está. Porque al final, los primeros en odiarte son aquellos a los que siempre deseaste el bien.

Los imperios de la antigüedad caían por la falta de amor. Todo era artificial. La unión era un negocio temporal y la lealtad se compraba. Creo que no hemos cambiado mucho. El mundo sigue siendo lo mismo pero con diferentes personas.

Muchas personas vivimos como en una especie de amor en silencio, en las sombras de mil historias de camino, abriéndonos paso entre alambres de púa, tratando de que el mañana sea distinto, pero toda lucha tiene final.

Muy tarde por la noche, cuando la mayoría de nosotros tiene cita con la almohada, a muchos les espera una cita con su conciencia, desde allí, todas esas emociones que producen cambios, chocan, obligan a muchos a bajarse y mirar las consecuencias de su actuar.

¡Hasta pronto!

 

El porcentaje no miente

 

Por; Ronnald Rojas

 

Este es el único escenario electoral en el que la esperanza derrite al chavismo como candela a vela. Y es que el 80% de los venezolanos abrazan en cadena una fuerte barrera, más grande que la gran muralla china, dejando desnudo y en una crisis existencial al tirano. El próximo 28 de julio estaremos nuevamente frente a la historia.

Veamos, es imposible estafar a un país con un 20% de aceptación. Maduro sostiene en sus manos la quimérica posibilidad de triunfo para reelegirse con una cifra tan minúscula. Desde el punto de vista electoral, Maduro está técnicamente fuera de ring. Se fue, está noqueado.

Cualquier mortal con mínima noción de la suma sabe y entiende que 80 es más que 20, lo demás es otra historia. Así que, de lo único que puede culpar Maduro al señor Edmundo González es de perder. 

Evidentemente, las circunstancias confunden. El dueño de las maquinas electorales ya debe tener el maletín mágico, en el cual simplemente hunde el botón y automáticamente sale ganador con más millones de votos que votantes.

Pero hay un detalle. Esta vez el rechazo hacia Maduro es tan brutal que ni la izquierda política de Latinoamérica quiere verse envuelta o conectada con el chavismo. Desde Petro hasta el gran Lula han gritado desde sus balcones que Maduro ha cruzado los límites.

Y es tal el desespero, que está ofreciendo créditos a los pensionados, a esos mismos pensionados que han sido aniquilados sistemáticamente a los largo de estos últimos años, bajo el cobro de pensiones tan patéticas que no alcanzan ni para un remedio casero.

Suena increíble, a estas alturas de la vida ofreciendo “créditos” imaginarios, porque nadie en su sano juicio le va a prestar dinero a quien no tiene como pagarlo de vuelta, a no ser que sea expresado en votos. Lo risible del asunto es que es tan evidente que esos créditos son tan reales como las parcelas en el cielo que vendía el padre Antonio.

Creo que estamos cansados de una administración sucia, corrupta y dañina. Este 80%, dentro del cual me incluyo muy orgullosamente, anhela la unión de nuestras familias. Este porcentaje es una avalancha, un tsunami que puede y tiene la fuerza para desmontar la estructura criminal que nos ha gobernado por tantos años.

Es hora de cambiar. Usted y yo, todos, cada alma dentro y fuera de este país suplica el cambio, es hora de que demostremos al mundo que en este país todavía queda dignidad, ganas de vivir, sueños e ideas, queremos y merecemos ser libres, vivir en un país de oportunidades junto a nuestras familias.

¡Hasta pronto!




 

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El mundo es mejor dejarlo como está

  Por; Ronnald Rojas   Creo que a todo el mundo le tocan días difíciles en algún momento de su vida, no son solo cosas mías. Pero a vece...