Por;
Ronnald Rojas
Este es el
único escenario electoral en el que la esperanza derrite al chavismo como
candela a vela. Y es que el 80% de los venezolanos abrazan en cadena una fuerte
barrera, más grande que la gran muralla china, dejando desnudo y en una crisis
existencial al tirano. El próximo 28 de julio estaremos nuevamente frente a
la historia.
Veamos, es
imposible estafar a un país con un 20% de aceptación. Maduro sostiene en sus
manos la quimérica posibilidad de triunfo para reelegirse con una cifra tan
minúscula. Desde el punto de vista electoral, Maduro está técnicamente fuera de
ring. Se fue, está noqueado.
Cualquier
mortal con mínima noción de la suma sabe y entiende que 80 es más que 20, lo
demás es otra historia. Así que, de lo único que puede culpar Maduro al señor
Edmundo González es de perder.
Evidentemente,
las circunstancias confunden. El dueño de las maquinas electorales ya debe
tener el maletín mágico, en el cual simplemente hunde el botón y
automáticamente sale ganador con más millones de votos que votantes.
Pero hay un
detalle. Esta vez el rechazo hacia Maduro es tan brutal que ni la izquierda
política de Latinoamérica quiere verse envuelta o conectada con el chavismo.
Desde Petro hasta el gran Lula han gritado desde sus balcones que Maduro ha
cruzado los límites.
Y es tal el
desespero, que está ofreciendo créditos a los pensionados, a esos mismos
pensionados que han sido aniquilados sistemáticamente a los largo de estos
últimos años, bajo el cobro de pensiones tan patéticas que no alcanzan ni para
un remedio casero.
Suena
increíble, a estas alturas de la vida ofreciendo “créditos” imaginarios, porque
nadie en su sano juicio le va a prestar dinero a quien no tiene como pagarlo de
vuelta, a no ser que sea expresado en votos. Lo risible del asunto es que es
tan evidente que esos créditos son tan reales como las parcelas en el cielo que
vendía el padre Antonio.
Creo que
estamos cansados de una administración sucia, corrupta y dañina. Este 80%,
dentro del cual me incluyo muy orgullosamente, anhela la unión de nuestras
familias. Este porcentaje es una avalancha, un tsunami que puede y tiene la
fuerza para desmontar la estructura criminal que nos ha gobernado por tantos
años.
Es hora de
cambiar. Usted y yo, todos, cada alma dentro y fuera de este país suplica el
cambio, es hora de que demostremos al mundo que en este país todavía queda
dignidad, ganas de vivir, sueños e ideas, queremos y merecemos ser libres,
vivir en un país de oportunidades junto a nuestras familias.
¡Hasta
pronto!

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