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miércoles, 27 de julio de 2022

En mi vejez

 Por; Ronnald Rojas


Pudiera escribir tantas cosas sobre la vejez y aun así no terminaría de decir lo que siento. Me resulta muy difícil engranar, dentro de un concepto majestuoso, si la vejez es un privilegio negado a muchos o un tormento endosado a otros.
 
Lo que sí me atrevo a defender es que a la tercera edad, como se le dice ahora a la ancianidad, hasta jocoso el termino, debería ser la época más hermosa en la vida de un ser humano.
 
Esta semana fui espectador de un episodio que me hizo reflexionar sobre la vejez. Ingresando a esa pequeña habitación celosamente cuidada por un anciano pude ver una vejez a la que temo; viejo, solo, pobre y enfermo.
 
Eso trajo a mi mente aquella promesa dejada al vacío años atrás, en la que me dije a mi mismo que debía trabajar fuertemente y actuar con cautela en la vida para no llegar algún día a mi vejez siendo un traste de lágrimas y sufrimiento.
 
A ese ochentón le debe pesar mucho la vida al tener que vivir en cuatro paredes rodeadas de miseria y olores fétidos salientes de un baño en ruinas; una calamidad social diseminada por todo el país últimamente, que deja en el ocaso la dignidad de muchos ancianos en Venezuela.
 
Ese drama que vive esa persona, me asusta. Debe ser terrible vivir dentro de un cóctel lleno de angustia y desespero. Levantarse cada día y ver que uno está viviendo una tragedia sin poder defenderse, que el mundo de repente se vuelve contra uno en el momento en que te encuentras más vulnerable y débil.
 
La vejez en Venezuela viene en una maleta cargada de problemas y desconsuelo. Muchos ancianos están viviendo en sus últimos días de vida un castigo terrenal inaceptable. Lo digo yo que he presenciado la pobreza extrema y la decadencia de culminar parapléjico de tanta preocupación.
 
¿Y la protección del Estado? Letras muertas…
 
He visto infinidad de abuelos sin su pensión, simplemente han sido víctimas del chantaje y del olvido. En cualquier país del mundo cada persona que cumpla la edad adulta debería tener asignada su pensión sin tanto papeleo burocrático y mucho más aquí, país rico en petróleo y rico en pobreza.
 
No quiero pensar que la vejez termina siempre con una carrera personal desmedrada, restregada hasta los tuétanos en un modelo de sociedad en la que llegar a la tercera edad más allá de ser una hazaña nos convierte en victimas del destino.
 
Lo cierto es que siendo viejos deberíamos de tener derecho a una extravagancia de vez en cuando, deberíamos escaparnos alegremente de tanta penuria y por lo menos a todo anciano se le debería de dar terapia emocional.
 
La vejez debería dejarnos ver la libertad en otro plano, cosa que para algunos es tan solo más dependencia, sea a medicamentos u alimentos. Quisiera creer que la vejez debería llegar con gratas sorpresas, pero no es así.
 
Se supone que uno cuando ya ha sido desgastado por los años no tiene por qué preocuparse del pago de impuestos ni de quien gana o pierde las elecciones. Pero la realidad desconcierta y arruina de muchas formas el equilibrio emocional de muchas personas.
 
Para los Griegos, la vejez era una pesadilla, considerando que la vanidad en dualidad con la belleza física y el conocimiento, eran la fuente de la superioridad exigida en la sociedad para el respeto. Los viejos fueron trebejos tirados en la soberbia de una sociedad sodomita y abierta al sexo grupal.
A lo mejor la juventud es la peor de las enfermedades, porque somos dependientes de un millón de cosas que ni si quiera vemos o entendemos. 
 
Luego llegamos a la edad dorada y comienza otro calvario, nos toca llevar coñazo tras coñazo, regaños, malas caras y soportar cualquier tipo de limitaciones. 
 
No quiero vivir mi vejez en condiciones de pobreza extrema, ni mucho menos bajo la mirada compasiva y lastimosa de nadie. Creo profundamente que en mi tercera edad merezco tranquilidad y ratos de alegría.
 
Lo confieso, siento mucho miedo. En mi país no hay viejo feliz. Y no quiero exagerar, pero la vejez en Venezuela es una condena a muerte brutal. Algo muy triste.
 
No sé si esta sea la peor época para vivir la tercera edad en Venezuela, pero me parece gravísimo someter a nuestros ancianos a esta brutalidad económica y social que hoy nos arropa.

 
En fin, Dios castiga sin palo y sin rejo, y no dudo que quien humille, desprecie y le haga daño a un anciano le va a ir muy mal en la vida, tendrá que responder por una factura muy cara el día en que la vida cobre esa cuenta.

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