jueves, 6 de abril de 2023

Lo que nos haría grandes

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Por: Ronnald Rojas

 

Para medir el nivel de riqueza que tenemos es imprescindible evaluar el compromiso de las personas en ser buenos y no malos ciudadanos. Una de las raíces del mal que impera en la Venezuela de ahora es el surgimiento de algunas sub culturas, muy difundidas en cada rincón del país y cada preñada de costumbres anti progreso.

 El nivel de riqueza de un país se mide por la calidad y cantidad educativa que su sociedad tiene, el comportamiento de sus ciudadanos así como el respeto por la institucionalidad y buenas costumbres de una nación.

A la muestra un botón, vemos hoy una Venezuela fracturada institucionalmente, envuelta en una enorme telaraña de corrupción institucional. De ahí para abajo todo, absolutamente todo está contaminado de mala praxis.

Un país sin educación es una enorme incubadora de esclavos, una fábrica de lacras sociales indolentes y apátridas. Así como vamos, sin la suficiente calidad educativa, como será muy difícil recuperar la institucionalidad y provocar cambios positivos que traigan prosperidad.

No es por gusto, ni casualidad que aquellos países que hoy en día son referencia de una concepción positiva, lo han ganado porque sus ciudadanos tienen un comportamiento cívico y ético.

Venezuela está muy lejos de haber sido o de ser un país rico. Somos parte de una sociedad cuya idiosincrasia viene defectuosa en el tiempo. La sociedad venezolana se ha venido descomponiendo a pasos enormes. El chavismo fue simplemente un acelerante.

Los antecedentes del venezolano reflejan el canibalismo que impera en el país. Desde arrojar basura, pasar una luz roja, quejarse de hambre pero despilfarrar el poco o mucho dinero que se gane en estupideces.

Y lo digo con un nudo en la garganta, este es un país profundamente chavista; se habla, se piensa y se hace casi todo según el pensamiento chavista. Vivir bien o mal, pero a costa de otros.

 Todo aquello que, supuestamente, odiamos del chavismo es lo que ahora motiva a vivir a un país entero. Bonos, limosnas y migajas, malas conductas, corrupción, envidia  y marginalidad describen claramente al nuevo modelo de persona de este país.

Un modelo que ya está ampliamente diseminado por varios continentes; pasamos de ser exportadores de petróleo a exportar millones de marginales (Malandros, vividores, jineteras, corruptos, etc…) Dejando salvo la honra a los pocos buenos ciudadanos que emigraron llevando buenas costumbres.

Veo gente que reniega, se queja a diario (De la boca hacia fuera), que maldice al chavismo, pero que se comporta como una lacra social, pasando el rojo de un semáforo, viviendo del contrabando de combustible, arrojando basura al suelo, negando a todo pulmón la crisis que lo arropa pero manteniendo la atención en los bonos de la patria, el CLAP  y cualquier limosna que arroje el chavismo.

Hace rato que me di cuenta que la crisis que padece este país es de salud mental. Casi todo el mundo vive el día a día lamentándose de las barbaridades del chavismo pero si usted los increpa a protestar no lo hacen, si los invita a votar no votan.

 Aquí pasaban todo el día rascándose los testículos y sobándose los ovarios, ahora se fueron a otros países a exigir toda clase de derechos. ¡Caras de tabla!

Venezuela urge de una catarsis. Cada venezolano debería hacerse un examen de conciencia y cambiar por su bien propio, cambiar por el bienestar ajeno, cambiar porque solo cuando una persona percibe sus defectos tiene la posibilidad de cambiar.

Lo que hace grande a un país es su gente. Y aquí hay escasez crítica de venezolanos que quieran de verdad a este país, que sientan respeto por el país, que entiendan la necesidad extrema de empatía que hay en Venezuela.

Algo falla en una sociedad en la que fracasando alegras a más gente que triunfando; aquí fallamos por no ser buenos ciudadanos y eso muchos lo celebran. Ojalá el tiempo pase rápido y sea la profilaxis moral la que logré encaminar este país a la dirección correcta.

¿Qué nos hará un país de progreso?

¡Un cambio radical de actitud! Y  ¡Regresar de nuevo a la escuela!

martes, 4 de abril de 2023

Salvemos la nación


Por; Ronnald Rojas

 
 
Desde hace varias semanas estoy recordando a la oposición política del país que la articulación y la invitación a votar puede salvar la nación. Con oposición me refiero a usted, a mí, a la conjugación de todos aquellos que anhelamos y queremos tener un mejor país.
 
Ya hemos pasado muchos años siendo el problema, es hora de que ese rol cambie y que seamos solución. Nuestro panorama está a un paso de cambiar o de seguir siendo lo mismo, todo depende de que usted salga a sumar con su voto o sea otro punto negativo en la estadística que ha perpetuado en el poder a los chavistas.
 
Muchos de los que están del lado contrario al chavismo se encuentran inertes, confundidos, manipulados, entregados a la desesperanza que ha venido sembrando la maquinaria chavista con respecto a la obligatoriedad moral del voto.
 
Hugo Chávez Frías, será recordado como un gigante con la peor referencia en la historia política, económica y social, no sólo para América Latina, sino también para el mundo entero. 
 
Con ese legado que él dejó, hoy algunas cúpulas viven una vida llena de parafernalias, mientras que millones de personas viven en un limbo social. Esta ecuación se mantiene vigente, mucho más de lo que usted podría pensar. El cáncer está allí, sigue vivo, causando daños a la nación. 
 
Los chavistas no solo se han robado 3.000 millones de dólares (Este monto causa risa), se han llevado vidas humanas, han descuartizado la integridad de millones de familias, destruido el futuro inmediato de varias generaciones. Se ha robado un periodo de tiempo que ya no se puede recuperar. 
 
Este lote enorme de tiempo se llevó la mitad de mi vida. Y a pesar de que intenté huir del huracán chavista al final no logré hacerlo. Por culpa de las mentes podridas del chavismo mi vida se fracturó al punto de que hoy con dos décadas más encima ya mi vida no es la misma, no es lo que proyecté, no es lo que quería.
 
Se que no soy el único al que le tocó cerrar un negocio ni el único que no tuvo ni tiempo para despedirse de un ser querido. Tampoco soy el único que hoy tiene dificultades para salir adelante en medio de un contexto político muy parecido el muro que tuvieron los alemanes o al muro que año tras año brincan los latinos para llegar a suelo estadounidense. 
 
Lo que conocimos como República de Venezuela no existe. Lo que nos queda es la nación, una cadena de poderes que divide a los venezolanos, una identidad que se tambalea sobre las cuatro patas de una mesa a punta de caerse.
 
La nación que heredamos del chavismo es un vacío de poderes. Son fronteras que anidan estadísticas de corrupción institucional en niveles incalculables. Nos toca vivir entre escombros, vivir en la oscuridad de tanta incertidumbre, vivir en con el acertijo que tantas emociones juntas vislumbra. 
 
El nuevo gobierno tiene una deuda enorme por saldar con la salud y educación del país. Estas dos piezas claves en el progreso de un país llevan años desasistidos, sometidos y obligados a funcionar en condiciones deplorables.
 
Salvar este país es difícil pero no imposible. Son tantas cosas juntas que la chequera pública tendrá que estirarse por mucho tiempo a modo de resarcir y levantar de los escombros la institucionalidad.
 
¿Podemos salvar la nación? ¡Sí! 
 
Lo difícil es lograr que todas esas personas que lo único que saben hacer es mirarse el ombligo tengan la molestia de salir a votar. Ese es el trabajo que tiene por delante el patriarcado opositor del país.
 
PD: Observar al enemigo muchas veces da la clave para derrotarlo
 

BIENVENIDOS

El mundo es mejor dejarlo como está

  Por; Ronnald Rojas   Creo que a todo el mundo le tocan días difíciles en algún momento de su vida, no son solo cosas mías. Pero a vece...