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Por: Ronnald Rojas
Para medir el nivel de riqueza que tenemos es imprescindible evaluar el compromiso de las personas en ser buenos y no malos ciudadanos. Una de las raíces del mal que impera en la Venezuela de ahora es el surgimiento de algunas sub culturas, muy difundidas en cada rincón del país y cada preñada de costumbres anti progreso.
El nivel de riqueza de un país se mide por la calidad y cantidad educativa que su sociedad tiene, el comportamiento de sus ciudadanos así como el respeto por la institucionalidad y buenas costumbres de una nación.
A la muestra un botón, vemos hoy una Venezuela fracturada institucionalmente, envuelta en una enorme telaraña de corrupción institucional. De ahí para abajo todo, absolutamente todo está contaminado de mala praxis.
Un país sin educación es una enorme incubadora de esclavos, una fábrica de lacras sociales indolentes y apátridas. Así como vamos, sin la suficiente calidad educativa, como será muy difícil recuperar la institucionalidad y provocar cambios positivos que traigan prosperidad.
No es por gusto, ni casualidad que aquellos países que hoy en día son referencia de una concepción positiva, lo han ganado porque sus ciudadanos tienen un comportamiento cívico y ético.
Venezuela está muy lejos de haber sido o de ser un país rico. Somos parte de una sociedad cuya idiosincrasia viene defectuosa en el tiempo. La sociedad venezolana se ha venido descomponiendo a pasos enormes. El chavismo fue simplemente un acelerante.
Los antecedentes del venezolano reflejan el canibalismo que impera en el país. Desde arrojar basura, pasar una luz roja, quejarse de hambre pero despilfarrar el poco o mucho dinero que se gane en estupideces.
Y lo digo con un nudo en la garganta, este es un país profundamente chavista; se habla, se piensa y se hace casi todo según el pensamiento chavista. Vivir bien o mal, pero a costa de otros.
Todo aquello que, supuestamente, odiamos del chavismo es lo que ahora motiva a vivir a un país entero. Bonos, limosnas y migajas, malas conductas, corrupción, envidia y marginalidad describen claramente al nuevo modelo de persona de este país.
Un modelo que ya está ampliamente diseminado por varios continentes; pasamos de ser exportadores de petróleo a exportar millones de marginales (Malandros, vividores, jineteras, corruptos, etc…) Dejando salvo la honra a los pocos buenos ciudadanos que emigraron llevando buenas costumbres.
Veo gente que reniega, se queja a diario (De la boca hacia fuera), que maldice al chavismo, pero que se comporta como una lacra social, pasando el rojo de un semáforo, viviendo del contrabando de combustible, arrojando basura al suelo, negando a todo pulmón la crisis que lo arropa pero manteniendo la atención en los bonos de la patria, el CLAP y cualquier limosna que arroje el chavismo.
Hace rato que me di cuenta que la crisis que padece este país es de salud mental. Casi todo el mundo vive el día a día lamentándose de las barbaridades del chavismo pero si usted los increpa a protestar no lo hacen, si los invita a votar no votan.
Aquí pasaban todo el día rascándose los testículos y sobándose los ovarios, ahora se fueron a otros países a exigir toda clase de derechos. ¡Caras de tabla!
Venezuela urge de una catarsis. Cada venezolano debería hacerse un examen de conciencia y cambiar por su bien propio, cambiar por el bienestar ajeno, cambiar porque solo cuando una persona percibe sus defectos tiene la posibilidad de cambiar.
Lo que hace grande a un país es su gente. Y aquí hay escasez crítica de venezolanos que quieran de verdad a este país, que sientan respeto por el país, que entiendan la necesidad extrema de empatía que hay en Venezuela.
Algo falla en una sociedad en la que fracasando alegras a más gente que triunfando; aquí fallamos por no ser buenos ciudadanos y eso muchos lo celebran. Ojalá el tiempo pase rápido y sea la profilaxis moral la que logré encaminar este país a la dirección correcta.
¿Qué nos hará un país de progreso?
¡Un cambio radical de actitud! Y ¡Regresar de nuevo a la escuela!



