lunes, 13 de mayo de 2024

El mundo es mejor dejarlo como está

 

Por; Ronnald Rojas

 

Creo que a todo el mundo le tocan días difíciles en algún momento de su vida, no son solo cosas mías. Pero a veces nos vemos envueltos en una mala racha que se prolonga por más tiempo. Y esos días son infinitos. Agotantes. Te hacen sufrir.

Tengo vértigos existenciales desde que tengo uso de razón. Me recuerdo con 12 años, lleno de adrenalina, de ideas y sueños, época en la que para mí fue el comienzo de días duros, porque me tocó trabajar desde temprana edad.

A esa edad me enteré que cada plato de comida en la mesa tiene un precio y alguien lo pagaba, ahora me tocaba pagar a mí. Se acabaron los excesos, todo fue reducido a niveles de austeridad, con o sin excusa tuve que salir adelante en medio de la tormenta. Y sigo aquí.

Es mayo y a través de la ventana veo algunas estrellas y los lejanos destellos de la proximidad de un aguacero. Y siento como que algo de mí se rompe de tanto pensar en cómo hacer realidad ese sueño tonto e inalcanzable de que todo el mundo pueda vivir mejor.

Pero leo a diario toda clase de malas noticias y me torturo tratando de creer que, eso que llamamos Dios realmente existe, y esto lo digo sin el ánimo de faltarle al respeto a quienes creen fervientemente en esa teoría antigua.

 Dios no está en ninguna parte, nunca lo estuvo, y doy vueltas por la habitación como un animal enjaulado, sintiéndome un cadáver inminente rodeado de otros tantos cadáveres, un condenado, hasta que recuerdo el consejo de mi abuelo y me pongo a encadenar ideas, buscando el pretexto para entender por qué un Dios al que todo el mundo venera no hace nada para evitar tantas injusticias.

Más de la mitad de mi vida he tenido que enfrentarme al hecho de que, para salir adelante en mi propio país tenía que acelerar y fundir mis células, dejando la puerta abierta a la vejez, a la caída del cabello, al malestar general.

Es muy cierto eso que dicen sobre la distancia entre el amor y el odio. Te pueden llegar a odiar en cuestión de segundos, y eso te causa un terremoto emocional bastante triste y molesto.  Es como si nada de lo que hiciste valió la pena.

En esta vida hay que aprender a vivir siendo odiado o amado, vivir entre extremos. Pero agota, desmoraliza querer sin ser correspondido, respetar si ser respetado. Es sumamente complicado tender la mano y recibir mordidas.

A veces uno desea el bien para otros, pero estos devuelven malos deseos e ingratitud, en una rebeldía e inmadurez incomprensible, lo cual me obliga a pensar que es mejor dejar el mundo como está. Porque al final, los primeros en odiarte son aquellos a los que siempre deseaste el bien.

Los imperios de la antigüedad caían por la falta de amor. Todo era artificial. La unión era un negocio temporal y la lealtad se compraba. Creo que no hemos cambiado mucho. El mundo sigue siendo lo mismo pero con diferentes personas.

Muchas personas vivimos como en una especie de amor en silencio, en las sombras de mil historias de camino, abriéndonos paso entre alambres de púa, tratando de que el mañana sea distinto, pero toda lucha tiene final.

Muy tarde por la noche, cuando la mayoría de nosotros tiene cita con la almohada, a muchos les espera una cita con su conciencia, desde allí, todas esas emociones que producen cambios, chocan, obligan a muchos a bajarse y mirar las consecuencias de su actuar.

¡Hasta pronto!

 

El porcentaje no miente

 

Por; Ronnald Rojas

 

Este es el único escenario electoral en el que la esperanza derrite al chavismo como candela a vela. Y es que el 80% de los venezolanos abrazan en cadena una fuerte barrera, más grande que la gran muralla china, dejando desnudo y en una crisis existencial al tirano. El próximo 28 de julio estaremos nuevamente frente a la historia.

Veamos, es imposible estafar a un país con un 20% de aceptación. Maduro sostiene en sus manos la quimérica posibilidad de triunfo para reelegirse con una cifra tan minúscula. Desde el punto de vista electoral, Maduro está técnicamente fuera de ring. Se fue, está noqueado.

Cualquier mortal con mínima noción de la suma sabe y entiende que 80 es más que 20, lo demás es otra historia. Así que, de lo único que puede culpar Maduro al señor Edmundo González es de perder. 

Evidentemente, las circunstancias confunden. El dueño de las maquinas electorales ya debe tener el maletín mágico, en el cual simplemente hunde el botón y automáticamente sale ganador con más millones de votos que votantes.

Pero hay un detalle. Esta vez el rechazo hacia Maduro es tan brutal que ni la izquierda política de Latinoamérica quiere verse envuelta o conectada con el chavismo. Desde Petro hasta el gran Lula han gritado desde sus balcones que Maduro ha cruzado los límites.

Y es tal el desespero, que está ofreciendo créditos a los pensionados, a esos mismos pensionados que han sido aniquilados sistemáticamente a los largo de estos últimos años, bajo el cobro de pensiones tan patéticas que no alcanzan ni para un remedio casero.

Suena increíble, a estas alturas de la vida ofreciendo “créditos” imaginarios, porque nadie en su sano juicio le va a prestar dinero a quien no tiene como pagarlo de vuelta, a no ser que sea expresado en votos. Lo risible del asunto es que es tan evidente que esos créditos son tan reales como las parcelas en el cielo que vendía el padre Antonio.

Creo que estamos cansados de una administración sucia, corrupta y dañina. Este 80%, dentro del cual me incluyo muy orgullosamente, anhela la unión de nuestras familias. Este porcentaje es una avalancha, un tsunami que puede y tiene la fuerza para desmontar la estructura criminal que nos ha gobernado por tantos años.

Es hora de cambiar. Usted y yo, todos, cada alma dentro y fuera de este país suplica el cambio, es hora de que demostremos al mundo que en este país todavía queda dignidad, ganas de vivir, sueños e ideas, queremos y merecemos ser libres, vivir en un país de oportunidades junto a nuestras familias.

¡Hasta pronto!




 

domingo, 5 de noviembre de 2023

América, Norte o Sur, locos y locas.

 


 

 

Por; Ronnald Rojas

 

Si uno enciende las noticias y lo primero que se nos viene a la mente es que vivimos en un tiempo y lugar inusualmente consumidos por el espectro del desastre. Juzgamos tal hecho, porque vivimos en países con una reputación desvirtuada; como que aquí nos pegaron bien duro esa etiqueta que no hemos podido quitarla.

El continente americano presenta un espacio vasto donde, a lo largo de su historia, se han extendido y desarrollado múltiples civilizaciones. Muchas de las cuales fueron exterminadas a punta de rifle y hambre por la bota extranjera que llegó a causar calamidades en su búsqueda de riquezas. ¡EL ÚNICO INDIO BUENO ERA EL INDIO MUERTO!

Cuando los ingleses, ahora estadounidenses, comenzaron la conquista de América del norte la población nativa norteamericana se estimaba en torno a los 12 millones de personas. Juzgue usted el holocausto que causaron los mal llamados “raza superior”. Casi 200 años despúes todavía esta gente sigue haciendo daño, manipulando a políticos de izquierda y derecha en donde sea que tengan algún tipo de interés.

Nadie puede reescribir esa historia, lo que pasó es imposible de borrarlo. Ya no se puede culpar ni exonerar de culpa a los victimarios, pero tampoco quiere decir que tengamos que olvidarnos de los crimenes a nuestra raza. Lo que si podemos hacer es juzgar y tener siempre presente las intenciones colonistas de las grandes potencias (USA, Reino Unido, España y los Rusos) hacia los paises menos desarrollados.

Esta dinámica del mundo no es otra cosa que la evolución de las razas sobre las razas, donde el pez gordo se come al pez flaco, y en donde el conocimiento se usa para hacer daño, crear problemas y encerrar a los analfabetas en una especie de rueda de laboratorio hasta el fin de los tiempos.

Que un país sea desarrollado y poderoso desde el punto de vista financiero y bélico, no puede interpretarse como sinónimo de perfección. Sobre los Estados Unidos se estimatiza un país de raza superior, cuando la única verdad es que ese país es un maldito desastre, como sociedad y como pueblo.

Con esto que digo, no busco ganarme enemistades pero tampoco me interesa debatir con seudodefensores de razas superiores. ESO NO EXISTE. Aquí,los unos dependemos de los otros. Nadie sobrevive solo (a).

Es imposible justificar la vejación y el saqueo que sufrieron los pueblos originarios de toda América. Y esto lo traigo a la palestra porque todavía hay mucho mal aliento extranjero moviendo la rueda que controla la vida de millones de personas, tanto en nuestra América como en la Conchinchina.

Creo que seguiremos viviendo y padeciendo penumbras porque a medida que pasa el tiempo solo seguimos olvidando nuestras raíces, dejamos de querer a nuestros países, dejamos de pensar como ciudadanos y pasamos a pensar como esclavos.

El país perfecto no existe. No existe la raza perfecta. Blancos o negros, hispanos, africanos o asiáticos, todos, absolutamente todos somos razas carroñeras, cazándose unas otras, dejando al descubierto que locos y locas tienen todos el mismo apellido; HUMANO.

 

Nadie más que yo

 

 


 

 Por; Ronnald Rojas

 Me tomó muchos años entender que no fui malo en los deportes, simplemente no tuve un buen entrenador. Mi rendimiento académico fue deficiente, y reconozco que en parte fue por el peso de la carga emocional de aquellos tiempos.

Soy testigo de primera fila aprendiendo a evitar malos ratos, razonando antes de actuar, conservando la distancia de emociones y decisiones que aceleren destinos inciertos.

Hay muchas cosas que desde niño nunca aprendí a hacer y que hoy bien pudieran servirme de ayuda, quizás mi situación actual fuese diferente. Uno quiere ir y venir por la vida cosechando éxitos pero muchas veces siembra en tierra ajena y todo lo pierde.

El tiempo me está recordando que los años son días yendo a una velocidad sorprendente. En un abrir y cerrar de ojos se me cayó el pelo y me fui quedando sin manos amigas, sin empleo y metido en una ruleta económica de la cual me cuesta mucho salir.

Pude haberme rodeado de buenas personas, leales y agradecidas, pero creo que siempre apunté en la dirección incorrecta. Solo fui un trampolín para terceros.

Desde hace largo rato me gusta escribir para crear un mundo paralelo en donde mis muertos puedan existir de alguna manera. Mantener viva esta manía de colocar en letras mis gustos y disgustos.

Me quedé pensando en lo fácil que permitimos que los demás nos anulen. Debemos ser buenos para un montón de cosas que jamás nos atrevimos a explorar sólo porque alguien nos dijo que no servíamos para eso.

Una vez leí que somos más sinceros cuando estamos iracundos que cuando estamos tranquilos. Y es cierto, porque la sinceridad depende de un cóctel de emociones, gran parte de ellas puestas en práctica por los buenos entendidos. Vivo en este país pero no me siento para nada cómodo.

Últimamente la situación política ha desviado mi atención, al punto de que sea visto como el gran pesimista que escribe paja y paja. Por lo visto en tiempos de guerra es mejor callar, ponerse la mochila en la espalda y seguir la flecha.

Como dice el dicho: “Cada quien coloca la pared contra la cual se va a estrellar”. Y no se puede obligar a nadie a salir del cascarón de la ignorancia. Cada quien decide cuanto tiempo va a vivir con cadenas.

Lo cierto es que los años se están marchando a un ritmo imposible de alcanzar y poco a poco la luz se va apagando para todos. Muchos quedamos presos entre las añoranzas del pasado y la incertidumbre del presente.

¡Hasta pronto!

Justo por pecadores

 

 


Por; Ronnald Rojas

Yo creo que no hay peor injusticia y muestra de ignorancia juzgar bajo el totalitarismo de “justo por pecadores”.

Hay personas tan mediocres que exigen aprobación cuando de atribuir culpas a inocentes se trata. Toda problemática o daño causado tiene nombres y apellidos, culpable o culpables.

Quiero expresar mi desacuerdo con esta política que vienen implementando en el Perú, algunos facinerosos y racistas, que lejos de demostrar patriotismo solo dejan al descubierto la herencia tercermundista que les acompaña.

A los latinos nos acompaña esta etiqueta a todas partes. Ya no se trata de un estigma sino de una realidad muy puesta en práctica actualmente en el Perú.

Y este odio que hoy envuelve a muchos peruanos, no a todos, está vinculado enormemente con la publicidad sensacionalista que la prensa peruana ha difundido a la sociedad peruana, generando odio y resentimiento hacia los venezolanos.

Yo recuerdo un pequeño experimento social llevado a cabo en redes sociales, donde una joven posteaba en su red de Facebook que su ex pareja le había dado una fuerte golpiza.

La mujer mostraba signos de violencia. Su rostro lleno de moretones e hinchazón parecía comprobar lo que ella decía. Algo como para sentir empatía y aborrecer al sujeto, aún sin conocerlo. Mario, era el nombre del sujeto.

La sección de comentarios estaba a explotar, llena de amenazas de muerte, odio y desprecio por Mario. Todo el mundo lo odiaba, pues había maltratado a la mujer del Facebook.

Resultó que la mujer era una actriz de teatro y el experimento consistía en probar que los seres humanos juzgamos a la ligera, sin someter al razonamiento y la lógica nuestra justificación para odiar.

Mario no existía ni nunca existió, pero todo el que leía la publicación de la supuesta agraviada terminaba odiando al sujeto sin saber por qué, solo con el pretexto de sentirnos jueces, de sentir que tenemos ese derecho para odiar a discreción.

Pero el odio es un sentimiento traicionero y a veces nos puede llevar a tomar acciones de las que luego nos lamentamos. La distancia entre el odio y la violencia es corta.

De la misma manera, los medios de comunicación peruanos han sembrado una campaña de odio y descrédito hacia la nacionalidad venezolana.

Es muy peligroso cuando usamos la violencia para resolver cualquier conflicto y creo necesario que la sociedad peruana tome a conciencia que la mayoría de los venezolanos que están viviendo actualmente en el Perú no pueden responder por los crímenes que un grupo minoritario de venezolanos ha causado en el Perú.

No hay justificación para detestar a un niño. Miles de niños venezolanos estudian en el Perú, tienen padres venezolanos, incluso padres de nacionalidad peruana, y cuando se pone en práctica el “justo por pecadores” también se está juzgando y odiando a esos niños, a esos padres y madres que trabajan honrada y decentemente tal cual como mucha gente peruana decente y trabajadora.

La consigna: “Fuera a todos” incluye a esos niños también. La consigna aquella: “72 horas para que se vayan, ¡Todos!”, acusa y juzga a todos por igual.

Muchos peruanos nos odian porque han leído o visto en los noticieros que ciertos venezolanos hicieron esto o aquello, más allá de que sea cierto o no. Están juzgando por coacción más que por razón.

La guerra que los medios de comunicación está llevando a cabo en suelo peruano, tergiversa la realidad, lo que hoy sucede en el Perú es un vendetta entre mafias peruanas y mafias venezolanas, muy lejos de ser una guerra entre buenos peruanos y buenos venezolanos.

Esta manipulación no ha tenido descanso y tristemente ha calado en lo profundo de los peruanos. Creo que, a estas alturas ya no es posible revertir el daño. El odio y rechazo es una realidad y creo que lo más sensato es que los venezolanos den las gracias y se retiren del Perú.

No tiene sentido vivir en un país donde ni siquiera trabajando y demostrando que eres buena persona te ganas el respeto. La pelea entre mafias podría transformarse en una guerra civil.

El "justo por pecadores" es una excusa mezquina y patética que ponen los seres humanos simplemente para justificar la discriminación y el racismo.

El Perú tiene sus propios problemas. No seamos para ese país tinta histórica negativa. Es hora de que regresen a casa.

PD: Saludos a mis amistades del Perú.

El Ezequibo no es venezolano

 


 
 
Por; Ronnald Rojas
 
Hablar del Ezequibo es hablar de un país que se llama Guyana. Es un país autónomo en todo el sentido pleno de la palabra. Con su propia identidad, tradiciones, costumbres y economía. 
 
Y esto no lo escribo porque me sienta un experto en geopolítica, sino porque me identifico y solidarizo con aquellos que se encuentran en la mira de las mafias políticas que buscan la opresión de los pueblos. 
 
El Ezequibo (Guyana) es un país con libertad y autonomía política reconocida por los países del mundo. Es miembro de la UNASUR, figura política creada e inspirada por los países sudamericanos, en la cual Venezuela ha sido miembro fundador. 
 
También es miembro de la CELAC y Mercosur. Es un país que se formó bajo condiciones de pobreza y en medio de disputas vinculadas al colonialismo de sus vecinos, Venezuela y Surinam.
Guyana fue una región usada por el imperio inglés y neerlandés como una cárcel de tortura y maltratos a los nativos, a quienes usaron de esclavos por mucho tiempo.
 
Dicho esto, nos encontramos con una región que pasó por largos procesos de supervivencia hasta lograr su reconocimiento como nación. Por cierto, una nación que había pasado desapercibida del interés político hasta que surgió el hallazgo de enormes yacimientos de petróleo y minerales.
 
Esta situación ha despertado el hambre y la ambición de sus países vecinos, Venezuela y Surinam, quienes ven como objetivo colonialista a ese pobre país. 
 
Los venezolanos no tenemos idea de cómo han sobrevivido los guyaneses ni de cómo se la han arreglado las personas que viven allí para sostenerse a lo largo del tiempo. 
 
Guyana es un país con un índice de pobreza alarmante, con grandes dificultades para sus ciudadanos, ubicado en una región geográfica de difícil acceso, sin una infraestructura vial que le permita integrarse a una dinámica económica a países limítrofes. 
 
Entonces, juzgue usted si Venezuela tiene derecho sobre un país en el cual nunca ha hecho ningún aporte. 
 
Yo quisiera preguntarle a esos que son ultra regionalistas cuántos hospitales o escuelas ha hecho algún gobierno venezolano en la Guyana. ¿Cuántas carreteras? ¿Cuántas casas? 
 
Allí viven miles de personas que han logrado salir adelante dentro de sus propias limitaciones. Nacieron miles de personas que tienen que ser vistas y reconocidas con su propio gentilicio. 
 
Algo no cuadra en esta historia. ¿Si los gobiernos venezolanos han visto al Ezequibo como suelo patrio por qué nunca han incluido esta región dentro del plan de la nación?
 
Quieren que veamos a un país soberano como una rayas rojas dentro de un mapa venezolano.
Guyana es un país que ha estado solo durante mucho tiempo. Los ingleses abandonaron esa región por desconocimiento de las enormes riquezas que estaban en el subsuelo guyanés. 
 
Probablemente otra sería la historia si esos hallazgos minerales de reciente data hubiesen sido descubiertos por los ingleses o por cualquier gobierno venezolano del pasado. 
 
Es una locura colosal las pretensiones que nuestros gobiernos tienen sobre Guyana (Ezequibo). Los buenos entendidos no podemos ser partícipes de un desmembramiento, de una invasión al derecho y la tranquilidad que tienen los guyaneses. 
 
Ustedes ven que los gobiernos venezolanos, particularmente el chavismo, no menciona para nada a los habitantes del Ezequibo, no los considera venezolanos sino invasores. 
 
En ningún gobierno venezolano se ha discutido el anexo o reconocimiento de los guyaneses como venezolanos. Pero ahora, los delincuentes que gobiernan Venezuela sintieron el aroma del dinero que brota del subsuelo guyanés. 
 
Es muy importante que los venezolanos entendamos que esa región llamada Ezequibo tiene figura e identidad política propia. No tiene sentido mirar a nuestro vecino guyanés como si fuese otro estado más de Venezuela.
 
Yo no apoyo ninguna idea o reclamación sobre el Ezequibo. No voy a formar parte del asalto a la integridad y soberanía que tiene y merece Guyana, o lo que nos han enseñado a ver como Ezequibo (Zona en reclamación).
 
El colonialismo es un crimen de lesa humanidad. Creo que, cualquier movimiento o idea que busque avivar la práctica de este crimen debemos rechazarla en función de la paz y el derecho a ser libres. 
 
Desde mi humilde opinión, el Ezequibo no es venezolano. 
 
¡No somos dueños de lo ajeno!

jueves, 22 de junio de 2023

Algún día seremos extraños en nuestra propia casa

 

 

Por; Ronnald Rojas

 

Ya esto de escribir se volvió para mí una terapia. Escribir se convirtió en una especie de desahogo, de reflexión y de catarsis, sin importar quien o quienes me lean. Hoy estuve recordando a mi padre y tengo un montón de sentimientos rondando en mi cabeza.

Soy mucho más feliz desde que aprendí a expresar mis sentimientos. Reconozco que por muchos años elegí el silencio, quizás demasiados, pero hoy tengo el poder y el control de llevar mis pensamientos al papel sin pedir permiso más que a mí mismo.

Sobre todo porque intuyo que la vida se desgasta velozmente, todo pasa tan rápido. Tarde me doy cuenta de cuan trascendental es la unión de familia y el correr de la mano en el tiempo junto a nuestros seres queridos. Mi padre y yo desaprovechamos tiempo y lo lamento.

Me hubiera gustado tener la capacidad, en su momento, de dominar la comunicación como herramienta para que él  supiera quién soy. Lamentablemente se fue sin saberlo.

Han pasado casi dos años desde su fallecimiento y con el tiempo voy sintiendo más su ausencia. Es irónico que en vida fuimos gato y ratón en la eterna confrontación de no ponernos de acuerdo en nada, y ahora que no está siento la necesidad de hablar con él. 

Es que no hubo un adiós entre nosotros y eso me desespera. Lamento no haber sido más maduro que él y haber podido construir una relación armoniosa, creo que ya no hay nada que mitigue ese vació que, con su muerte quizás se profundizó más.

Yo no juzgo a mi padre (aunque en vida fuimos agua y aceite), hoy solo quiero recordarlo de la forma que fue, sin exagerar sus virtudes ni sus defectos.

Según sé, mi padre no tuvo una infancia tranquila, agradable o fácil. Su  niñez fue muy complicada, llena de carencias y, como muchos, dentro de una familia que se disolvió con la muerte de su padre.

Sé que como hijo cometí muchos errores y aunque  no puedo cambiarlos ni borrarlos, debo decir que nada de lo que hice (o de lo que no hice) fue con la intención de lastimarlo a él.

Debo confesar que si debo pedir perdón a alguien, sería a mí mismo, por las veces que toleré las faltas de respeto y la violencia sistemática que mi padre era capaz de ejercer. Así que, papá, no sé si lo hacías de forma intencional pero te perdono.

Y no me refiero a que haya sido un  padre golpeador, aunque reconozco que sí llegó a darme uno que otro “correazo”  (seguramente por merecerlo en algún momento). Más bien, la violencia que mi padre generaba dentro del hogar era del tipo encubierto, cotidiano, disfrazado de bromas, sarcasmos y mucha violencia verbal, principalmente.

Y también debo reconocer que, por la razón que haya sido, siempre estuvo presente en cada etapa de mi vida, ya sea para bien o para mal,  pero siempre te mantuvo cerca, y eso no puedo negarlo ni desconocerlo.

De mi padre aprendí que, algún día seremos extraños en nuestra propia casa. Observaremos cada detalle con miedo y desconocimiento, con duda y preocupación. Seremos arquitectos, diseñadores, ingenieros frustrados. Seremos un árbol que ni sombra da porque los demás de la sombra se van. Y algún día acabará el patriarcado.

Hoy lo único que nos separa es el tiempo, usted adelante y yo atrás, presiento que si algo existe luego de la muerte debe ser el reencuentro familiar. La muerte de mi padre me enseñó que, sin importar las circunstancias, tengo que pasar el mayor tiempo posible con mis hijos. Creo que ese el legado que mi papá dejó para mí.

Si bien desearía que mi padre leyera estas palabras y me abrazara sabiendo que su hijo aprendió muchísimo de su experiencia, es algo que nunca va a suceder. Espero que quien lea este post entienda que mientras estemos vivos hay tiempo para acercarnos y apoyarnos a nuestros seres queridos.

Es en vida, siendo adultos cuando reconocemos y necesitamos sanar cualquier herida por muy térmica y conflictiva que sea. Porque vivir bajo los efectos de sentimientos negativos impide sentirse en paz consigo mismo (a).

Mi padre tuvo un final muy complicado, una enfermedad oportunista se lo llevó, y me imagino que sus últimos momentos fueron muy duros para él. Sin embargo, considero que su muerte fue en vano ya que no sirvió de aprendizaje para sus hijos, fue una oportunidad de unirnos más y no sucedió.

Los padres son fuente de inspiración para sus hijos, pero esa inspiración llegó a mí a partir de su muerte.  Richard Bach, autor de una gran obra titulada “Gracias a tus Malos Padres”,   dice que por cada cosa que se ha roto, siempre se hallará una bendición… Y es cierto, ya que está comprobado que todo ser humano posee la voluntad para construir (o destruir) su propio destino.

Y yo, aunque ya no puedo levantar de la tumba a mi padre tengo la tarea de seguir siendo quien soy y seguir caminando dentro de las buenas costumbres, ser ejemplo de rectitud para mis hijos. Esta será la mejor manera de reivindicar la actitud de hijo rebelde que mantuve por tantos años sin la madurez que hoy tengo.

En ausencia de mi padre, me voy con lágrimas que sellan paz a su alma.

miércoles, 21 de junio de 2023

Turismo en tiempos de crisis


 

Hay muchos turistas, youtubers, circulando en Venezuela, conociendo las ruinas de Venezuela, y a pesar de que este país no está en sus mejores condiciones todavía hay mucha belleza. Sobre todo porque para estos turistas el impacto ha sido muy positivo y placentero.

Son estas las cosas que me curten de optimismo, que por momentos me hacen sentir en el corazón que el futuro está a la vuelta de la esquina y que todavía hay muchas cosas que no ha podido destruir el chavismo.

Estas personas me llevan a ver un país distinto, a una Venezuela que ha resistido toda clase de calamidades impuestas por el gobierno de turno, pero también me recuerda que para el turista la realidad, por utópica que parezca, es mucho más rimbombante que la visión que uno tiene de su propio país.

Si bien es cierto, la realidad de las alcabalas es una pesadilla que a diario azota a todos los venezolanos, para el turista, en su gran mayoría esta situación es distinta.

Y este aspecto negativo se ha visto reducido desde la autorización a grabar los procedimientos de revisión en las alcabalas. Todo youtuber trae consigo una cámara y deja constancia de la actuación del policía o militar durante su intervención.

Siempre me preguntaba qué podría ver un turista en Venezuela actualmente, si para los venezolanos la escasez de combustible, la decadencia de los servicios públicos y la precariedad de las vías terrestres son como las tres embarcaciones que invadieron al país mucho antes de lograr zafarnos del yugo español, y con las que a diario se lucha; muy aparte el empobrecimiento del poder adquisitivo ha llevado a millones de personas en este país al umbral de la pobreza casi “extrema”.

               Aunque la realidad para el turista dista mucho de la realidad que arropa a los venezolanos, también hay que resaltar que estos llamados youtubers del turismo muestran un contexto de país que informa con minuciosidad las dos caras de Venezuela y no busca ocultar nada más que permitir ver la cara más bonita de nuestro país. 

El nuevo turismo trae beneficios para el país, levanta la moral de aquellos que estamos alejados del optimismo y despierta sentimientos agradables que hacía tiempo no sentía por mi propio país. De manera que, estoy comenzado a creer que si a este país no lo levanta su propia gente lo terminará levantado de sus ruinas el turismo.

Venezuela tiene infinidad de sitios turísticos a los cuales no tenemos acceso los venezolanos por igual, y que producto del mismo caos que creó el chavismo se encontraban en un letargo muy triste. Hoy tenemos la fortuna de que muchos extranjeros pusieron la lupa sobre este pedazo de tierra del mapa, y se han tomado la osadía de visitar para exponer tanto sus puntos bajos como sus virtudes.

               Quiero agradecerle a todas esas personas que vienen de los confines del mundo a explorar y recorrer nuestro país .Gracias por tomarnos en cuenta. Este es un país donde cabemos todos. Un país donde el racismo está muy enterrado, donde la hospitalidad y tolerancia son nuestras embajadoras para el extranjero.

               Muchas gracias por recordarnos que todavía vale la pena luchar por este país, hay muchas cosas buenas y únicas que describen a Venezuela como un país que no se detiene a pesar de su crisis.

 

 

 

 

 

BIENVENIDOS

El mundo es mejor dejarlo como está

  Por; Ronnald Rojas   Creo que a todo el mundo le tocan días difíciles en algún momento de su vida, no son solo cosas mías. Pero a vece...